- Incluso si hubiese tenido los ojos abiertos, nada podría haber hecho, sentado, con mis tobillos apresados por los pantalones, contra esa fiera enfurecida que apretaba el cuchillo húmedo de sangre guardiana.
*
- Y cuando lo encontré ahí, frágil, expuesto, en su divino deshonor, me abalancé sobre él y lo atravesé, deshaciéndolo.
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